Los inicios en la pareja: suerte y trabajo personal |
Un estado de euforia, de falta de concentración, de pensamientos obsesivos con la persona amada. Sí, estos -entre otros- son síntomas de los inicios, del enamoramiento, de esos primeros momentos correspondidos o no en los que el ser humano se fija en otro congénere para posiblemente desear una vida a su lado. Como es obvio, los síntomas se verán modulados por características individuales de forma que cada uno lo vivirá a su manera.
Atrás quedaron los tiempos en que se consideraba el corazón como base del sentimiento amoroso. Hoy, salvando el tema poético, tenemos aceptado que es en el cerebro donde se producen los cambios que generan ese estado emocional. Varios neurotransmisores ( sustancias involucradas en la transmisión de los impulsos nerviosos) parecen implicados. Según la teoría de la antropóloga Helen Fisher, la dopamina y la norepinefrina se encontrarían en mayores niveles en los cerebros de los enamorados, pudiendo así explicar la euforia, la energía en exceso, el insomnio o la pérdida de apetito .
La disminución de los niveles de serotonina podría explicar, según esta misma autora, los continuos pensamientos sobre el ser amado. Lo cierto es que su teoría permitiría explicar algo que los científicos llevan observando desde hace tiempo: que la situación de un enamorado es similar, siempre salvando distancias, a la de un adicto a la droga. La producción de ciertas sustancias cerebrales produce tolerancia ( cada vez se necesita mayor nivel de una sustancia para lograr los mismos efectos) y dependencia ( no se puede prescindir de la sustancia, ante su falta se da un síndrome de abstinencia).
Esto explicaría también por qué el amor apasionado de los primeros momentos no se mantiene durante toda la vida, sino que llegado a cierto punto, que suele considerarse alrededor de los dos años de media, se pasa a una forma de amor diferente que algunos consideran apego. El cerebro se ve incapaz de continuar ese ritmo de producción de ciertos neurotransmisores. Es lo que tanto hemos oído de que “la pasión no dura”, lo cual no significa que el tipo de relación que se establece después sea peor, simplemente es diferente.
Pero no sólo es importante conocer lo que sucede en nuestro interior en los primeros momentos de una relación amorosa. También es importante observar y conocer nuestras conductas. No es infrecuente intentar esconder nuestros defectos para enamorar al “elegido/a”. De la misma manera, y dado que siempre alguno sale a la luz, quitamos importancia a los defectos del compañero/a porque pensamos que no son tan cruciales o porque consideramos que nosotros, el amor, o los dos juntos le haremos cambiar.
Es importante, una vez establecido el primer contacto, saber marcar límites ya que es en esos primeros momentos cuando vamos a enseñar al otro la manera de tratarnos ( toda relación es bidireccional). Si aguantamos más de la cuenta por temor a perderlo/a o a dejar de gustarle, corremos el riesgo de no poder volver a recuperar el terreno perdido o de terminar con la relación cuando se intenta rectificar.
Otro error bastante frecuente es el querer acercarnos a la persona amada haciéndole creer que somos como quiere que seamos y que tenemos los mismos gustos y aficiones. Está bien descubrir lo común y también estar abierto a descubrir nuevas actividades pero siempre manteniendo eso que tanto trabajo y esfuerzo cuesta y que nos hace únicos, que es nuestra personalidad. Compartir, pero con iniciativas desde ambos miembros de la pareja, es lo más adecuado. ¿Es que no nos atraen más las personas con sus propios gustos, con una clara personalidad, con un criterio?.
Por ultimo, destacaría la importancia que tienen las expectativas de cada uno de los miembros de la pareja. En un primer momento pueden o no coincidir. Esto será importante para la relación, pero no definitivo porque al ir conociéndose cualquiera de los dos puede modificar esas expectativas iniciales. La naturalidad ayudará a que sea más fácil. En ocasiones podemos encontrarnos con personas que disfrutan exclusivamente con el cortejo y que no desean más que vivir esta fase del amor. Si ese es el caso y no comparte con nosotros el tipo de relación deseada difícilmente podemos cambiar la situación pero, quitando esos casos extremos, un mayor conocimiento irá ayudando a perfilar más nítidamente lo que cada miembro desea de la relación.
En consecuencia de lo expuesto, las propuestas para afrontar esos maravillosos momentos son:
- mostrarse uno/a tal como es, no fingir
- huir de la idealización absoluta de la pareja
- marcar los límites de la relación de forma adecuada ( no imponiendo, sino sabiendo negociar)
- tener expectativas realistas
- aprender a comunicar de forma correcta para no crear malentendidos desde el principio
- reforzar positivamente los aspectos de la pareja que más nos atraen porque si lo hacemos así conseguiremos que esas conductas que más felices nos hacen tengan mayor probabilidad de repetirse. Castigar no suele ser buena vía ya que fomenta el rencor y la ira.
En definitiva, para encontrar y mantener a aquella persona que nos hace feliz hace falta algo de suerte pero también mucho trabajo personal que, si se hace con gusto porque la recompensa merece la pena, tampoco será tan costoso.
Yolanda López. Psicomotiva.
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